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El Proceso REMAR

REMAR es un movimiento de pastoral juvenil vocacional. Nació en colombia como fruto de una exigencia siempre renovada de fidelidad a la misión evangelizadora que la Comunidad Marista recibió de su Fundador Marcelino Champagnat. REMAR es una escuela de formación cristiana en la vida y para la vida. Una forma de ser Iglesia participando en su misión evangelizadora.

REMAR es un movimiento, fruto de la acción del espíritu que suscita nuevas respuestas a la problemática juvenil. Nace de la vida, es una mística encarnada en personas concretas que generan un dinamismo propio para afronta al mundo, sus retos y sus llamadas. Existe sólo en la medida en que esta mística dinamiza el estilo de vida de quienes se comprometen en él.

REMAR es un movimiento de pastoral, entendida ésta como la actitud de vida de quienes se sienten responsables del anuncio del Señor: acompañar con más atención el crecimiento de las personas en la fe.

REMAR es un movimiento de pastoral juvenil, por que: Sus protagonistas son los jóvenes. Le caracteriza un estilo juvenil de vivir los valores. Considera a la juventud como la enorme fuerza renovadora de la Iglesia y de la sociedad, según Puebla.

REMAR es un movimiento de pastoral juvenil vocacional, por que ayuda a cada uno de sus integrantes a descubrir y realizar la mejor respuesta al proyecto de amor de DIOS sobre su existencia, ya que toda vida es una vocación.

Convencidos de que Cristo es la razón de ser del Movimiento REMAR, lo consideramos como El Gran Timonel de nuestra travesía hacia el Padre, bajo la acción del espíritu. Jesús, Dios hecho hombre, nacido de María de Nazaret, nos revela plenamente el Padre y nos muestra el ideal de PERSONA que estamos llamados a realizar. Situado e un tiempo y en un espacio determinados, Jesús tuvo actitudes definidas respecto al medio social, político, cultural, económico y religioso. La misión de Jesús, el anuncio del Reino, estuvo marcada por el servicio amoroso y desinteresado a todos los hombres, de manera personal y salvadora: curando, perdonando, invitando al cambio de vida y a su seguimiento, en la alegría de sentirse amados y enviados por Dios. Jesús vivió la predilección por los débiles y marginados de la sociedad: los pobres, los niños, los enfermos, los oprimidos, las viudas, los ignorantes, los pecadores... Cristo, Señor y centro de la Historia, nos invita a ser Cristos Jóvenes en y para América Latina, acogiendo en nuestra vida el proyecto amoroso del Padre sobre cada uno de nosotros y proyectando con nuestra existencia y acción su misión evangelizadora al anunciar la novedad de su Reino de vida, verdad, libertad, justicia, amor y paz. La Iglesia es para nosotros la gran carabela, lugar especial de comunión, de participación y salvación.

La Iglesia es la familia de los hijos de Dios y tiene a María por Madre y Modelo. En la Iglesia, por la acción del Espíritu Santo, los hombre nos reconocemos hermanos y experimentamos la alegría de ser hijos de un mismo Padre. En los sacramentos, especialmente en la reconciliación y en la eucaristía, encontramos una manera especial de celebrar, como acción de Iglesia, el encuentro salvador de Cristo con los hombres y nuestra confianza en el amor misericordioso del Padre. Expresamos nuestra pertenencia al a Iglesia, Pueblo de Dios, trabajando por hacer de cada carabela una verdadera comunidad eclesial de fe, de esperanza y de amor, que revele al mundo con alegría la presencia de Cristo Resucitado. En REMAR queremos formarnos para asumir oportuna y gozosamente nuestra vocación personal, a fin de ponerla al servicio del Evangelio a través de los diversos ministerios de la Iglesia Local. De esta manera, nos proponemos expresar nuestra pertenencia a la Iglesia, servidora y evangelizadora, comprometida con los pobres y sus justas aspiraciones. Consientes del SIN MI NADA PUEDEN HACER, nos unimos a la oración de Jesús en su Iglesia, convocados por su palabra, para celebrar en la oración personal y comunitaria, la misma fe y nuestra confianza total en el Padre. Nuestra comunión con el Magisterio de la Iglesia será una garantía de la autenticidad de nuestra acción evangelizadora a todos los niveles. Porque queremos ser plenamente personas, miramos a Jesucristo, imagen visible del Padre, como modelo de todo hombre, en quien aprendemos claramente lo que queremos ser. De ahí que consideremos su Evangelio como la brújula que orienta nuestra vida.

El simbolo del movimiento REMAR es el timón, que expresa la voluntad de tomar en nuestras manos, con coraje y tenacidad, el rumbo de nuestras vidas, en un constante esfuerzo de superación porque ingresar a remar es perder el derecho a ser mediocre. Maria, es estrella de la mar que orienta nuestro REMAR hacia el encuentro con el Padre.

En REMAR encarnamos sus actitudes, ya que al asemejarnos a Ella, nos acercamos a la imágen del hombre redimido y, de esta forma, la reconocemos como nuestra Buena Madre y como camino que nos lleva a Jesús. Consciente de su pequeñez y de su debilidad, no cesa de glorificar al Señor por las maravillas que ha hecho en Ella, compartiendo con todos su alegría. María es modelo de ser Iglesia por: Su sí generoso. Su apertura a la acción del Espíritu. Su cooperación en la obra salvadora de su Hijo. Su presencia animadora en la primitiva Iglesia. Su radical fidelidad al Evangelio del Señor. Todo el inmenso amor concentrado en su corazón de mujer, virgen, madre y esposa, sabe traducirlo en gestos humanos de amistad y de servicio, dedicación y benevolencia, presencia y compromiso.

En REMAR nos proponemos crear un calor de hogar, muy característico de la Familia Marista, que trata de encarnar hoy el ejemplo de la familia de Nazareth. Para todos los integrantes de REMAR, Maria es por excelencia garantía de la grandez femenina y muestra la forma específica de ser mujer. Por eso las mujeres vinculadas al movimiento REMAR encuentran en Ella la inspiración para definir mejor su identidad y se proponen vivir como Marías Jovenes entre los Jóvenes.

En el movimiento REMAR consideramos a Marcelino Champagnat como el viejo lobo de mar por excelencia, hombre que en carna en su existencia los valores que todos estamos llamados a vivir. La comunidad Marista y el movimiento REMAR son don del espíritu a la iglesia, en la persona y obra de Marcelino, hombre que con su sí generoso y fecundo, al estilo de María, comprende a gran número de personas en el trabajo por el reino. Champagnat, atento a los problemas de su tiempo, dedica la vida entera a resolver necesidades concretas de los hombres y por eso compromete a los Hermanos de una manera creativa y audaz en el campo de la eduación cristiana de la niñez y de la juventud, particularmente de la menos favorecida. Marcelino Champagnat nos deja de herencia un estilo mariano de vivir el evangelio, caracterizado por: La sencillez El espíritu de familia La alegría El amor al trabajo vivido como servicio evangelizador. Esta herencia no es sólo un patrimonio que debemos conservar celosamente, sino una riqueza que es menester desarrollar y comunicar al mundo actual.

Manual del Remero

 

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